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domingo, 4 de noviembre de 2012

Réquiem a un amigo: PADRE JESÚS MARÍA ARROYO CASTELLANOS


Fuiste llevado al país de la vida eterna

Tu morada desde ahora es el descanso

Tu vestido, la luz, donde el sol brilla sobre tu frente para siempre.

 

En tu vida formaste con nosotros, una familia comunitaria y de “amor”

Entre campesinos, obreros, urbanos e indígenas

Fuiste siempre sincero, sencillo, de fe y obra.

 

Es así que poco apoco con tu ejemplo nos fuiste transformando

Y fuimos aprendiendo de ti, las cosas buenas que sembraste.

Nos enseñaste a ser solidarios, caminando siempre junto al inválido,

Dando la mano al ciego y ayudando al que muere abandonado.

 

Hoy sólo nos queda tu recuerdo y tu Resurrección está entre nosotros

En nuestras luchas y fracasos, en nuestras dificultades y pruebas,

Estarás con nosotros en las tristezas,

Para comunicarnos el entusiasmo de tu alegría.

 

Por siempre y para siempre, tu amiga fiel,

Betsy Cobeña

Lago Agrio, 3 de julio de 2012

viernes, 31 de agosto de 2012

"Do not stand at my grave and cry, I am not there... I did not die..."

Son dos meses ya y sin darme cuenta siento de nuevo lágrimas rodar por mis mejillas involuntariamente, mientras mis ojos siguen buscando la sonrisa tierna y paternal del Maestro y Amigo en el lugar de siempre. Y es entonces que en mi interior vuelvo a escuchar sus palabras llenas de Amor, llenas de" sustancia y no de viento", allí donde solo pocos llegan y con infinita dulzura tocan, restauran y siembran. Pocos, si, de aquellos que son perseguidos por amar a sus ovejas, por conocerlas y cuidar de ellas, por sacrificarse por ellas, en lugar de solo pretender dirigir con arrogancia rebaños desconocidos.
 
Quizás no recorrí muchos caminos a su lado (todos los que hubiera querido) pero de su mano descubrí caminos desconocidos en el fondo de mi corazón. Quizás no llegamos a escribir ni concretar tantos y tantos sueños, pero bien supo imprimir junto a las Teres y San Juan de la Cruz las letras más bellas en el libro de mi vida. Tal vez no llegó a enseñarme a construir andamios, pero edificó y consolidó con maestría la fortaleza espiritual de mi alma. Si, quedaron tantas preguntas sin respuestas, tanto por aprender, tanto por crecer, tanto por hacer...
 
Estos días estuve contemplando sus árboles, su río, sus caminos, su gente y volví a extrañar de nuevo su abrazo enorme y cálido, pero de pronto su Luz y su Alegría inundaron con fuerza lo profundo de mi ser. Y al cerrar mis ojos pude escuchar su voz repitiendo que "Dios nos dio la vida para ser felices, inmensamente felices!!" y comprendí que más allá de cualquier entendimiento, la esencia de Padre Jesús simplemente está viva, está aquí, sigue aquí y sigue vivo! En esa felicidad infinita que nos transmitió y nos transmite, en cada recuerdo, en cada memoria, en cada corazón. En cada vida que tocó e iluminó. En todo lo que significó Jesús Arroyo, el misionero íntegro, valiente, humano. Porque así como Jesús el Señor no murió, el Amor nunca muere, y Jesús Arroyo fue, es y será siempre Amor.
 
Gracias infinitas Señor por el honor, el privilegio y la bendición de haber recibido en nuestro pequeñito Ecuador al hermoso regalo de vida que fue Padre Jesús Arroyo.
 
María Fernanda Hidalgo Ayala
 
"Do not stand at my grave and weep,
I am not there... I do not sleep.
I am the thousand winds that blow...
I am the diamond glints on snow...
I am the sunlight on ripened grain...
I am the gentle autumn rain.
When you waken in the morning's hush,
I am the swift uplifting rush
Of gentle birds in circling flight...
I am the soft star that shines at night.
Do not stand at my grave and cry—
I am not there... I did not die..."

lunes, 27 de agosto de 2012

"Él está con nosotros ¿quién contra nosotros?"

Y la vida se impone, la definitiva... la plenitud se va haciendo claridad en la vida del Arroyo, cada vez más sorprendido como solía hacerlo entre nosotros, ante las pequeñas cosas que nos rodean... cuánto más ante la plenitud de Dios en su vida... Ya te veo hermano "como un niño pequeño en manos de su Padre" así dice el salmista... "Ven Bendito de mi Padre" te repetirá el Nazareno y tu certeza de AMOR será regocijo total por un Dios infinitamente tierno que traspasará tu profunda mirada y te acurrucará en su regazo. Anda Arroyo, disfruta de lo que tan bien conoces porque lo practicaste: el AMOR, anda y siéntete libre, bromea y tómale el pelo a tus amigas Teresa y Teresita, que tienes mucho que hacer en el cielo... haciendo el bien en la tierra. 
De nosotros, los 4ever, y me imagino Isamis, ocds y demás... no te preocupes, estaremos atentos y pro-activos como nos quieres, esto es de Dios y si "Él está con nosotros ¿quién contra nosotros?" Descansa trotamundos que el cielo necesita de tus ocurrencias y nosotros queremos llevarte dentro y desde allí volvernos a abrazar.

viernes, 17 de agosto de 2012

EN RECUERDO DEL HERMANO Y AMIGO JESÚS ARROYO


No podemos recordar a Jesús Arroyo solo. No podemos separarlo de sus hermanos carmelitas descalzos, nos resulta imposible verlo aislado, sin la referencia de la Iglesia San Miguel de Sucumbíos, de Mons. Gonzalo López Marañón y sin la cercanía de Pablo Gallego, Juan Berdonces, Juanito Cantero, José Setién, los sacerdotes diocesanos Edgar Pinos, Pablo Torres, Raúl Ushca, los religiosos y religiosas y los/as misioneros/as laicos/as Teresa Escuín, Cruz Félez, Magdalena, Teresa Toribio, Germán Senosiaín, los hermanos de las Comunidades para la Iglesia y el Mundo (COIM), los animadores/as, los ministerios laicales  y tantas otras personas que han ayudado en el caminar de ISAMIS.

Y es que en ISAMIS con Mons. Gonzalo López Marañón, los carmelitas descalzos, los sacerdotes diocesanos, los/as otros/as religiosos/as y laicos/as comprometidos/as hemos vivido un período en el que hemos sentido la promesa y nuestra pequeña realidad de lucha y esperanza. Con su entrega y ejemplo hemos entendido que el pastoreo es un servicio y no una imposición, que  no creían que evangelizar sea mandar y, mucho menos, dominar, sino "dar la vida por las ovejas" (Jn 10,11).      

¿Qué se puede escribir entonces en memoria del hermano y amigo Jesús Arroyo, sobre todo cuando aún no se termina de asimilar que ya no estará más con nosotros, cuando se le siente vivo y presente, cuando se espera que en cualquier momento regrese a continuar las conversaciones y las acciones que quedaron iniciadas y sin concluir?

¿Cómo expresar el afecto, la sinceridad, la acogida, la fe profunda,  la esperanza y confianza en Dios, el amor a Cristo y los hermanos, especialmente de Sucumbíos, que sentía y transmitía Jesús en sus palabras y acciones?

Ciertamente es difícil hacerlo y por ello nos limitaremos a dar un testimonio que, por ser subjetivo, no puede menos de ser parcial y limitado.

De Jesús recordamos su mirada profunda, sus manos grandes que se tendían con franqueza y amistad, su sonrisa clara que estallaba en carcajada en cualquier momento, su abrazo fraterno, su claridad de ideas, su calma que brotaba de una paz interior que ni las peores contrariedades podían turbar.

Misionero de a pie, de mochila, gorra y botas de caucho, caminante permanente del verde mar de la selva amazónica. La imagen de Jesús caminando por los barrios de Lago Agrio, por la selva en visita constante a las comunidades indígenas es el reflejo de su compromiso por los/as más pobres y olvidados y de su caminar junto a ellos/as.  

Sacerdote y carmelita de una sola pieza. Ahora que muchos sacerdotes tienen como principal preocupación el hacer presente su dignidad y autoridad sacerdotal, debemos decir que Jesús las ejercía sin estridencia ni aspavientos, de forma natural con la cercanía, el amor y el servicio a los hermanos que, a ejemplo del Buen Pastor, se esforzaba día a día por ser puerta de entrada y dar cabida a todas las personas. Nadie en Sucumbíos preguntaba  dónde estaba el hábito de Jesús, su persona era el hábito y el espíritu del Carmelo.

Queremos ahora recordar 4 imágenes de la vida de Jesús que nos completan su personalidad:
 
La espiritualidad y pastoral de Jesús Arroyo
Hemos tenido la suerte de escuchar algunas reflexiones y meditaciones de Jesús y, si como dice el evangelio, “de lo que hay en el corazón habla la boca”, Jesús tenía siempre cono referencia la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo como buena noticia para todas las personas y, de manera especial, para los más pobres.

Junto al Evangelio se reconocía la espiritualidad propia del Carmelo Descalzo, la Virgen del Carmen, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresita. No hay duda que la espiritualidad carmelitana era parte integrante de su ser.

¿Y en el campo pastoral? Su guía era el Concilio Vaticano II y los documentos de las conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Con estas referencias fue uno de los principales impulsores de los sucesivos proyectos de  planificación pastoral  de ISAMIS, de una iglesia que siempre quiso caminar con dos pies: la fe vivida en las comunidades, en los movimientos, en los/as animadores/as y en los ministerios eclesiales y laicales y el compromiso social a través de las organizaciones populares.

Concebía una iglesia comunidad de comunidades, abierta, misionera y comprometida con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.     


Su presencia en las comunidades.
Con la sencillez del caminante, Jesús llegaba a nuestra comunidad para presidir una reunión o celebrar la eucaristía en honor de Nuestra Madre la Virgen del Cisne. De sus labios y boca brotaba la Palabra de Dios de forma clara y sencilla, como fuente de fe, esperanza y compromiso. Nos invitaba a acercarnos al altar a compartir el Cuerpo del Señor y a compartir la vida con sus alegrías y tristezas, a comprometernos en la lucha por una sociedad más justa y fraterna.

La liturgia viva, la reflexión comunitaria, la celebración festiva de los sacramentos, la fe en Cristo Resucitado y en la Mamita Virgen se hacían presentes en nuestras  vidas con la sencillez de niños que se sienten amados y acogidos por Dios.

No creía era necesario recurrir a trucos de  funambulista, parafernalia rimbombante u oropeles llamativos, para él la fe se debía expresar de forma cálida e íntima en el seno de la comunidad cristiana.

En la acción y compromiso social.
La acción social de ISAMIS y de Jesús es inseparable de su trabajo de evangelización. El apoyo a la creación y formación de organizaciones populares ha sido y es una de las acciones principales del vicariato. Los programas sociales de ISAMIS a favor de los/as niños/as y adolescentes sin hogar, en el campo de la educación, de la salud, del desarrollo sostenible, de los derechos humanos  eran parte constitutiva de la pastoral del Vicariato de Sucumbíos. Jesús sentía una especial cercanía con las organizaciones populares, con sus luchas, propuestas y reivindicaciones. 

Un hecho concreto:

El 12 de octubre de 1992 con motivo del aniversario de los 500 años de la invasión de América las comunidades indígenas de Sucumbíos decidieron bloquear las vías para impedir la circulación terrestre. Las mujeres de la Comuna Kichwa 5 de Agosto junto con sus hijos e hijas pequeños se posicionaron en las cercanías de Lago Agrio, poniendo, como mínimo obstáculo, unos pequeños palos. Un petrolero borracho arremetió contra la pequeña barricada y atropelló a las mujeres y sus niños/as, murieron 3 mujeres y 3 niños en el acto, pero las mujeres heridas y sus niños fueron 12, muchos/as de gravedad. Al recibir la noticia fuimos con Jesús al hospital donde vimos que no estaban recibiendo la atención requerida por la falta de medios y que muchas de las heridas merecían un tratamiento especializado que no era posible en Lago Agrio. Inmediatamente nos dirigimos al campamento de Petroecuador (Petroamazonas, en ese tiempo) y exigimos la venida del pequeño avión de la compañía estatal para trasladar a Quito a las personas más graves; a fuerza de insistir y de presionar a las autoridades, logramos que el avión sirviera de ambulancia aérea en esta emergencia para 8 personas. Lamentablemente en Quito falleció una joven mujer indígena más, pero el resto pudo salvarse. Y es que para Jesús la vida era la principal prioridad que debía defenderse por encima de todo.

Jesús y la resistencia ante el abuso de Los Heraldos
La llegada de los Heraldos del Evangelio supuso una ruptura violenta y agresiva contra lo que había sido la pastoral y la vida de ISAMIS. Los Heraldos del Evangelio eran un error y un horror. En Sucumbíos las personas de las comunidades y los que habíamos participado de la experiencia de ISAMIS no nos pudimos enseñar a sus modos y maneras, nos dolían enormemente sus ademanes rígidos, sectarios y prepotentes; no podíamos aguantar su talante para-militar, su lucimiento de capas, trono, cetro y corona, en vez de sandalias, amor, sudor y cayado. Nos dolían sus agresiones, calumnias y su afán por destruir todo lo edificado a lo largo de tantos años de lucha y esfuerzo. No era justo, no era evangélico, ni siquiera era aceptable  humanamente.

Desde Sucumbíos y, tras la expulsión de los carmelitas, desde Quito Jesús animó la resistencia ante esta agresión que, al final, fue reconocida como un error por la propia Conferencia Episcopal Ecuatoriana y el estado, que terminaron pidiendo a los Heraldos que se retiraran de Sucumbíos.

Para Jesús lo más importante era que las comunidades y las organizaciones populares siguieran vivas. En los momentos más duros que hemos vivido en el último año y medio Jesús nos decía: “Tenemos que seguir adelante, debemos seguir caminando, defender a ISAMIS es ser fieles al Señor, es un servicio a la Iglesia y al pueblo de Sucumbíos”.  Tenía muy claro que con la salida de Monseñor Gonzalo las cosas no iban a ser igual, pero siempre mantuvo la confianza en las comunidades, en los movimientos eclesiales y en las organizaciones populares y en su capacidad para continuar adelante.

Veía con gran esperanza el camino de reconciliación iniciado con el ayuno de Mons. Gonzalo y seguido con valentía por Mons. Paolo Mietto; creía que, a pesar de las dificultades, era posible recuperar la unidad, conciliando las diferencias en la construcción de una Iglesia Viva y Misionera.
  
Nuestro hermano y amigo Jesús Arroyo nos ha dejado, lo recordamos con la esperanza que nos viene del Jesús Vivo, del Padre Dios  y del Espíritu Vivificador.  Su vida ha sido un regalo del Señor y como tal agradecemos su amistad, testimonio y entrega, como un don que se dio hasta el final.

El P. Jesús vive ahora en Dios, en las comunidades y en las organizaciones, camina junto a nosotros y nosotras y, por eso, no  podemos detenernos. Nos ha dejado su mochila, su rosario y la Palabra del Señor, que eran su único equipaje para caminar por la selva en sus permanentes visitas a las comunidades indígenas, las campesinas, los barrios pobres, con las mujeres y los jóvenes; grupos de vida a las que tanto amaba. 

Nos llama e invita a recoger su mochila, a ponernos de nuevo las botas de caucho y con las únicas armas de la  Palabra de Dios, con la fe, la esperanza y el amor, seguir  el camino. Los que lo hemos conocido y amamos a la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos seguimos caminando con dolor por su pérdida, pero convencidos de que estamos construyendo el Reino de Dios.

Tenemos la seguridad de que el P. Jesús nos acompaña. 


Xabier Villaverde

jueves, 16 de agosto de 2012

...fue un viaje laaaaaaargo, pero feliz, compartiendo la vida.


Hablar de Jesús nos resulta muy difícil, pues su vida abarca tantos aspectos que tememos no poder expresar lo que ella ha significado para todos, y en especial para nosotras. 

Nos hacemos eco de tantas cartas, palabras, reflexiones y anécdotas en torno a nuestro querido hermano Jesús. Esta palabra –HERMANO- es la que sintetiza la experiencia que hemos tenido de él.
Queremos contarles algo que lo pinta de cuerpo entero, y que nos habla de su sencillez, su amor a la gente, sobre todos los pobres, y su capacidad de vivir con alegría los acontecimientos cotidianos.

Una de las tantas veces que emprendimos el viaje desde el Centro de espiritualidad en Puerto Libre a Lago Agrio, nos encontramos con que el bus no pasaba. Tuvimos que empezar el día caminando hasta Puerto Libre y desde allí, Jesús, que se había adelantado, nos ofreció viajar en el camión del lechero. ¡Cuánto gozaba con estas experiencias! Pero el viaje no se limitó a “amontonarnos” en la parte de atrás, con tanque de leche incluido y todos los vecinos que se quedaron sin bus, sino que Jesús, con su servicialidad, era el que llenaba el tanque lechero con el aporte de la leche que las familias ofrecían por el camino.

Como consecuencia, fue un viaje laaaaaaargo, pero feliz, compartiendo la vida. La grata sorpresa fue al bajar, cuando Jesús sonreía radiante porque el lechero no había querido cobrarle el pasaje por su trabajo solidario. 

Aquí les adjuntamos una foto de ese día. Un abrazo grande a todos, sus hermanas carmelitas argentinas-sucumbienses.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Con Jesús uno se sentía bien siempre...


Soy el Hno. Pau Fornells Sala, Marista, y tengo 57 años. Actualmente estoy viviendo en Popayán (Colombia), pero soy natural de Celrà (Girona-España). Viví 14 años en Ecuador.

Conocí al P. Jesús en enero de 1998, cuando visité a mis hermanos maristas que acababan de instalarse en el Equipo Misionero Indígena del Km. 20 de la vía de Lago Agrio a Quito. En aquel momento, me sorprendió su jovialidad, cercanía y la alegría con que nos saludaba.

En mayo del 2000, fui destinado a trabajar en la Pastoral Indígena de Sucumbíos, donde permanecí hasta noviembre de 2005. Por tanto, tuve oportunidad de conocer muy de cerca la rica personalidad de Jesús. Nos encontrábamos todos los meses en los encuentros de los EPIS (Equipos de Pastoral Indígena de Isamis), también en otros encuentros de Isamis y la casa del EPI Centro, donde residían los Carmelitas de la Pastoral Indígena, era como nuestra casa, donde pernoctábamos muchas veces. También tuve la suerte de poder acompañar a Jesús en algunas entradas a las comunas shuar y kichwa.

Con Jesús uno se sentía bien siempre. Era muy alegre y continuamente te hacía sonreír con sus comentarios. Te contaba cantidad de historias de su vida, especialmente las relativas a su vida en Sucumbíos, el desarrollo de Isamis, sus vivencias en las comunidades indígenas, etc. A todos los misioneros nos gustaba entrar con Jesús a las comunidades. Creo que, sobre todo, porque su presencia nos inspiraba una gran seguridad en lo que íbamos a hacer. Jesús era un gran conversador y eso hacía que todo el mundo estuviera pendiente de lo que decía. Recuerdo que, especialmente, los niños eran muy sensibles a su presencia. Alguna vez yo le dije, riéndome de él, “Jesús, creo que te equivocaste de vocación, pues tendrías mucho éxito como hermano marista”. Se rió, agradeciéndome el halago, pero me dijo que se sentía muy feliz como carmelita y como sacerdote.

Si tuviera que escoger una frase de Jesús, escogería la que solía repetirnos con frecuencia cuando nos encontrábamos por esos caminos de Sucumbíos. “¡Que te atropelle la felicidad!”. Eso era lo que él irradiaba y eso era lo que trataba de transmitir a todos con palabras o sin palabras.

Yo estudié mi licenciatura en el Teresianum de Roma; por eso, me encantaba oírle hablar con tanto cariño de la congregación y especialmente de sus santos y santas. El me ayudó a descubrir más a San Juan de la Cruz y también a Santa Teresa, Santa Teresita, Edith Stein, etc. Jesús acompañó durante 5 años mi dirección espiritual y era mi confesor habitual. Fue una bendición de Dios para mí. Siempre sabía encontrar tiempo. Siempre sabía atinar en la ayuda precisa para calmar mi corazón atribulado o para levantarlo hacia cumbres de entrega, generosidad y alegría.

Solíamos hablar mucho de la Iglesia, de la Vida Consagrada, de Isamis, de los equipos misioneros... del presente y también de los sueños del futuro. Él entendía y animaba muy bien nuestra vocación exclusiva de hermanos en la Iglesia, cosa no muy frecuente en la Iglesia actual, y me decía que teníamos un aporte muy bonito que hacer, sobre todo desde nuestro modelo de fraternidad y no tanto por nuestra eficiencia educativa. De eso, hablábamos mucho.

Cuando fue destinado a Quito como Delegado de los Carmelitas en Ecuador, yo seguí viéndome con él para seguir mi dirección espiritual. Le encontraba a faltar, pero nuestros encuentros siempre volvieron a ser muy cálidos y productivos. Era una fiesta ir a su comunidad, ya fuera en Santa Teresita o en El Inca.

Jesús quería entrañablemente a sus hermanos y se preocupaba mucho por ellos. Podían discrepar en asuntos particulares de Isamis o de Iglesia, en general, pero uno notaba cómo los quería y se preocupaba de cada uno. Recuerdo mucho cómo sufrió cuando uno de sus hermanos, gran amigo suyo, se retiró de la congregación. Me dijo que había hecho lo imposible para animarle a seguir y cuánto le dolía la separación, pero que parecía que los caminos del Señor eran otros y los aceptaba. Nunca le oí una mala palabra contra nadie de sus hermanos; todo lo contrario, los defendía siempre aunque no comulgaran con sus ideas o su manera de concebir y hacer Iglesia. Era un gran conciliador.

Sufrió muchísimo, como todos, la situación producida en Isamis por las decisiones del Nuncio y del Vaticano. Pero nunca se le fue una palabra de más, aun luchando contra esas decisiones y manifestando su discordancia. Amaba extraordinaria-mente la Iglesia y eso le hacía sufrir mucho más.

¡Y cómo amaba la vida contemplativa! Doy fe de ello. Jesús era un contemplativo en la acción. No podía ser de otra manera. ¿De dónde salían sino esas palabras que nos llegaban al corazón, especialmente en la dirección espiritual?

Doy gracias a Dios, a su querida familia de carne y sangre, a la congregación carmelitana por la persona del P. Jesús María Arroyo: un regalo para muchísima gente, creyente y no creyente; un hombre de Dios enraizado en la vida, en la política, en lo concreto, con palabras especiales para cada uno (una) que se encontraba por la vida.

Descansa en paz, Jesús. Sabemos que vives para siempre y sigues caminando entre nosotros como la luz que siempre fuiste y la alegría de nuestro caminar. Ahora mismo me viene la frase de Jesús: “Venid a mí todos los cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Así fue Jesús para mí y para muchísimos que compartieron con él y que así me lo transmitieron.


Hno. Pau Fornells Sala, FMS

viernes, 13 de julio de 2012

Testimonio sobre el P. Jesús Arroyo

Soy el Hno. Walter Eras López de la Congregación de los Hermanos Maristas.

Conocí al P. Jesús Arroyo desde Mayo de 1999, al formar parte del equipo Misionero EPI Aguarico, ubicado en el Km 20 de la vía a Quito. El vivía en el Epi Centro. (EPI Equipo de Pastoral Indígena)

El P. Jesús Arroyo era una persona sencilla, cercana, muy alegre, muy jovial, era el que ponía la alegría en los diferentes encuentros  comunitarios que teníamos. El P. Jesús tenía una fe y confianza en Dios muy profunda. Se le veía muy feliz viviendo su vocación. Siempre repetía el dicho “que les atropelle la felicidad”. Siempre fue un buen Pastor y este don fue reconocido al integrar  la terna para la designación de nuevo Obispo de Sucumbíos en reemplazo de Mons. Gonzalo.

Defendía a capa y espada los momentos comunitarios. En cierta ocasión en una reunión de los equipos misioneros de la pastoral indígena, estábamos discutiendo la conveniencia de reunirnos cada dos meses en vez de mensualmente, el P. Jesús intervino y nos dio un sermón de vida comunitaria y de equipo, decía que no es posible formar un equipo de pastoral indígena si no teníamos reuniones más frecuentes  y nos alejaríamos de uno de los objetivos de ISAMIS la formación de la iglesia comunidad. No se puede hablar de comunidad si sus miembros  no se reúnen para dialogar, orar  y reflexionar juntos.

El P. Jesús vivía de manera muy sencilla, con lo mínimo necesario y muy cercano a la gente.  Cuando alguien llegaba a la comunidad del EPI Centro siempre era acogido  con amabilidad, invitando a servirse un café o cualquier bebida refrescante.

El P. Jesús se preocupó por crear material para la catequesis de las comunidades indígenas, adaptando los textos a la realidad de las etnias con las cuales trabajó (kichwas y Shuars). También se preocupó por ayudar a las comunidades indígenas en el desarrollo social y de salud para lo cual conseguía fondos para ayudar a solventar los problemas más apremiantes de las comunidades.

El P. Jesús era una persona muy ordenada y cuidadosa, le gustaba hacer las cosas bien y le gustaba que toda actividad que realizara la pastoral indígena quedara registrada y documentada, de manera que si alguien nuevo se integraba al trabajo pastoral no tenga que empezar de cero sino que al leer el trabajo realizado continuara el trabajo hecho por su predecesor.

El P. Jesús caminó miles de kilómetros  para llevar el mensaje de Jesús a las comunidades, pues a la mayoría de comunidades que él visitaba no entraban vehículos ni se podía ir por canoa, había que entrar caminando y consciente de esta realidad  ayudó a algunas comunidades a empalizar los caminos en medio de la selva.

Recuerdo que en Julio del 99  consiguió  una ayuda para construir un camino entablado de 1000 metros sobre un pantano en la comunidad shuar de Taikiua. En la ejecución del proyecto estuvo trabajando codo a codo con la comunidad y  los 6 voluntarios españoles de los Hermanos de la Sagrada Familia que auspiciaban el proyecto.

En fin el P. Jesús Arroyo me deja un recuerdo y un testimonio de vida muy grande que me gustaría imitar con la gracia de Dios.
Nueva Loja, 12 de julio de 2012
Hno. Walter Eras López

miércoles, 11 de julio de 2012

Conocí al Padre Jesús Arroyo cuando trabajaba en la Misión de Sucumbíos

Me llamó la tención su actitud cercana, su fraternidad, su sencillez. Llegaba a la gente de forma amable y con lenguaje sencillo. Era apreciado de todo el mundo especialmente de los más pobres. Su sentido del humor y su respeto por los demás le ganó el aprecio de sus compañeros. responsable, estudioso y muy carmelita en su vida. Misericordioso.

Con mucho gusto les envío esta síntesis del recuerdo que me dejó este sacerdote extraordinario, espero conocer el libro que saquen. Hna. Eva Julia Sastoque P- CM